Libros de ocasión (y Stephen King)

En los últimos tiempos he reducido considerablemente mi ritmo de compra de libros por una combinación de motivos tanto económicos como espaciales. Cada vez tengo menos presupuesto disponible para gastarlo en libros y también menos sitio en casa donde meterlos (donde meterlos bien, se entiende, porque no me gusta tenerlos en cajas ni mucho menos –oh, sacrilegio– esparcirlos por suelos y rincones variopintos).

A todo ello se une una especie de síndrome antidiógenes que sufro hace un tiempo y que me lleva a cuestionarme para qué demonios quiero tantas cosas, de qué me sirven tantos trastos como acumulo y adónde irá a parar todo eso cuando me muera. Sí, llevo un año rarito, qué le vamos a hacer.

Pero, como ocurre con casi todo en esta vida, también para esto hay excepciones.

Una de ellas es la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Sevilla, que suele celebrarse en noviembre/diciembre y a la que todos los años reservo una tarde para saltarme la dieta. Éste ha sido el botín de este año.

Libros de ocasión

‘El chino’, de Henning Mankell. De Mankell he leído mucho, casi todo lo de la serie de Kurt Wallander, pero nada fuera de ahí. Hace un par de semanas una compañera del trabajo me recomendó esta novela, así que no dudé en comprarla cuando la encontré en la feria. Seis euros me costó.

‘La noche de los monstruos’. Es posible que estéis familiarizados con la historia de cómo Mary Shelley escribió Frankenstein (peripecia que inspiró la película de Gonzalo Suárez Remando al viento), pero por si acaso os hago un pequeño resumen. En 1816, Lord Byron alquiló una casita, la Villa Diodati, en Suiza, para pasar el verano con su amigo John William Polidori. Por allí se dejaban caer a menudo los Shelley (Mary y Percy B.), que según dice la leyenda se quedaron atrapados allí en una de esas visitas por culpa del mal tiempo. Durante tres días permanecieron juntos, leyendo historias de terror (una antología de cuentos alemanes traducidos al francés, Fantasmagoriana), hasta que a Lord Byron se le ocurrió proponer a sus compañeros que cada uno crease un relato de terror. Percy B. Shelley escribió unas cuantas historias que se publicaron póstumamente y Lord Byron empezó, pero no terminó, una protagonizada por un tal Augustus Darvell. Polidori y Mary Shelley sí terminaron sus proyectos. El primero escribió El vampiro, la primera historia moderna publicada sobre vampiros. La segunda, esa maravilla titulada Frankenstein o el moderno Prometeo que cambió la historia de la literatura. En este volumen se incluyen las obras de Mary Shelley (con la reseña que su marido escribió con ocasión de su publicación) y Polidori, así como los fragmentos de Lord Byron y una selección de cartas, diarios y documentación diversa, a lo que se añaden una introducción y un estudio crítico de todos los materiales. En definitiva, una joya que además me costó sólo ocho euros.

‘Winesburg, Ohio’, de Sherwood Anderson. Uno de los autores de los que nada sabía y que descubrí estudiando la carrera (Filología Inglesa, no Periodismo). Anderson formaba parte de una de mis asignaturas de Literatura Norteamericana, y durante uno de los temas analizamos y estudiamos uno de los relatos que aparecen en este volumen, uno muy perturbador titulado Manos que me dejó con un regusto amargo y con la curiosidad de saber qué más había en el resto de la obra. Por eso, cuando me encontré este volumen, no lo dudé. Tres euros.

Stephen King visits USO Warrior Center

Foto: ‘Stephen King visits USO Warrior Center’, obra de The USO

Los tres libros de la fila inferior son de uno de esos autores de los que no se suele hablar en sitios serios, salvo si es para destrozarlos. Uno de esos que una persona culta, de buen criterio, a duras penas admitirá leer y, mucho menos, disfrutar. Llegado el caso tal vez lo haga, a modo de confesión avergonzada y siempre con una etiqueta del tipo “placer culpable”. Ya sé que hay gente para todo y que cada uno es cada uno (añádase aquí cualquier otro refrán o frase hecha que reconozca y defienda el derecho a la singularidad de cada individuo), pero lo de llamar placeres culpables a las cosas que nos gustan es una estupidez. Bastantes remordimientos, demonios y fantasmas me rondan cada noche cuando trato de conciliar el sueño como para encima sentirme culpable porque me guste un autor, una serie, una película o lo que sea. Estoy ya mayor para tanta tontería.

Así que sí, me gusta Stephen King, sin más. Y no sólo me gusta, sino que me parece un gran escritor y un tipo con la cabeza muy bien amueblada, como demuestra en esta fantástica entrevista en Rolling Stone (en inglés) y en obras como Mientras escribo, que es una maravilla. De Stephen King he leído más no-terror que terror propiamente dicho, aunque jamás he pasado tanto miedo como leyendo El resplandor (lo que Kubrick hizo con ella es, por comparación, una peli Disney; una de las ligeritas). De lo no-terror recomendaría Corazones en la Atlántida y, sobre todo, 22/11/63.

Pero ninguno de esos libros es para Stephen King su mejor obra. En esa entrevista en Rolling Stone le preguntaban al respecto y respondía esto:

“Lisey’s Story. That one felt like an important book to me because it was about marriage, and I’d never written about that. I wanted to talk about two things: One is the secret world that people build inside a marriage, and the other was that even in that intimate world, there’s still things that we don’t know about each other.”

Eso ya llamó mi atención, pero me terminó de convencer la breve reseña que se incluía en otro reportaje de la revista, titulado El mundo de Stephen King, de la A a la Z (en inglés), en el que se decía que en La historia de Lisey King imaginaba cómo habría sido la vida de su mujer si no hubiese conseguido salir con vida del accidente que casi le mata en 1999. Hay mucho más en la novela, claro, pero me interesó la premisa argumental. (Aunque lo busqué, no encontré este libro en la Feria, sino en una librería a precio normal. Lo incluyo aquí porque lo compré esa misma tarde)

Los otros dos volúmenes de la foto de arriba, también descubiertos en cierta medida gracias a Rolling Stone (cinco euritos cada uno), son El juego de Gerald y la colección de relatos Las cuatro estaciones, que contiene las historias Rita Hayworth y la redención de Shawshank, Alumno aventajado, El cuerpo y El método de respiración. Puede que no os suenen, pero seguro que sí lo hacen las adaptaciones al cine de las tres primeras: Cadena perpetua, Verano de corrupción y Cuenta conmigo.

Una prueba, por si alguien necesitaba alguna, de que Stephen King escribe más que novelas de terror. Además, tanto sus historias de terror como las de no-terror suelen estar bastante bien, así que dadle una oportunidad si aún no lo habéis hecho. No todos los best-sellers son basura.

‘Lost Rewatch’ – Temporada 1, Episodio 13 – Hearts and Minds

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BOONE: What made me see? That stuff you put on my head — you drugged me.

LOCKE: I gave you an experience that I believe was vital to your survival on this Island.

BOONE: It wasn’t real?

LOCKE: It was only as real as you made it.

BOONE: I saw her [Shannon, his sister] — I saw her die.

LOCKE: How did you feel? When she died?

BOONE: I felt — I felt — I felt relieved. I felt relieved.

LOCKE: Yes. Time to let go. [Locke gets up and grabs his pack.] Follow me.

Aunque tiene su gracia ver cómo se cruzan los caminos de Boone y Sawyer en una comisaría de Sidney, antes del Oceanic 815, el momento finalista de la semana es este otro entre Jin y Hurley:

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HURLEY: You’re going to have to pee on my foot, man. It’ll stop the venom. I saw it on TV. [Jin inspects Hurley’s injured foot.] Ow, arrgh. No, just pee on it, man. [Hurley points to Jin’s crotch. Jin pushes his hand away.]

JIN: No.

HURLEY: You need to pee, pee on it. Pee on my foot. I’ll lose my foot if you don’t. Just pee! Pee on it! Pee on- [Jin is making motions, trying to communicate; then says No.]

‘Lost Rewatch’ – Temporada 1, Episodio 12 – Whatever the Case May Be

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JACK: What is it, Kate?

KATE: You wouldn’t understand.

JACK: I want the truth, just this once. What is it?

KATE: It belonged to the man I loved.

JACK: The truth.

KATE: It belonged to the man I loved.

JACK: Stop lying and tell me the truth!

KATE: I’m not! It belonged to the man I killed!

El finalista de la semana es Sawyer, tratando de abrir un maletín que todos le dicen que es imposible abrir a menos que tengas la llave:

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[Shot of Sawyer trying to open the case by smashing it on a rock, which doesn’t open the case.]

SAWYER: Come on. Come on, god.

[Shot of Sawyer, now at the top of the cliff above.]

SAWYER: Impact velocity — physics my ass.

Con el physics my ass solté una carcajada, porque me recordó a una frase similar que escucharíamos años después decir a otro personaje de una serie de J. J. Abrams, Fringe:

William Bell

‘El País’, Google News y los ‘piratas’

Newspapers B&W (4)

Foto: ‘Newspapers B&W (4)’, de Jon S

Como supongo que sabréis, Google News ha anunciado su inminente cierre en España por culpa de la nueva Ley de Propiedad Intelectual que obliga a los agregadores de noticias a pagar una tasa a los editores de diarios por incluir sus contenidos (resumiendo mucho el tema). También supongo que sabréis que dicha tasa fue una idea de esos mismos editores, que tras saberse el cierre de Google News han matizado inmediatamente sus demandas. Además de la (divertida) nota emitida por la Asociación de Editores de Diarios Españoles (AEDE), algunos de los medios que pertenecen a esa asociación han publicado editoriales sobre el tema.

Uno de ellos es El País (*), que ayer se despachó con un texto titulado Piezas complementarias en el que, después de dorarle la píldora un poco a Google, dice esto:

“…la decisión de retirar a los editores españoles de Google News y de cerrar este servicio es una mala noticia para todos: empresarios de medios y usuarios. Algo que no parecen entender del todo los burócratas que en España y otras partes de Europa han manejado el asunto”.

Y esto otro:

“…AEDE (…) urgió a las autoridades españolas y europeas a que busquen una solución. Son ellas las responsables de encontrarla, de forma que los editores no tengan que sufrir las consecuencias de su incapacidad. El principal interés de editores y lectores es el de mantener Internet abierto a todos. (…)  en Alemania, se impuso la tesis del editor conservador Axel Springer para relegar a Google y perjudicar a los usuarios. El Gobierno alemán, justificando la defensa de los periódicos, se alineó en contra de los intereses de los lectores”.

Dice más cosas, pero queda claro el tono, ¿no? Curiosamente, en los editoriales relacionados que ofrece la pieza en la web aparece enlazado otro, de febrero, titulado Justa compensación y que habla de la última reforma de la Ley de la Propiedad Intelectual (la que nos ocupa), que incluye, según el editorialista,

“…el reconocimiento de que la prensa tiene derecho a percibir una compensación por parte de los agregadores de noticias que utilizan, ahora de forma gratuita, sus contenidos. Es un principio esencial por cuanto la difusión de dichos contenidos de manera masiva es una práctica lesiva para la prensa. De hecho, otros países como Francia, Bélgica o Alemania han llegado a acuerdos con los grandes agregadores de noticias, como Google (…) La Asociación de Editores de Diarios de España, a la que pertenece este periódico, ha aplaudido la medida porque supone un reconocimiento del valor de los contenidos”.

Y continúa el editorial:

“La prensa, por su parte, contará con un nuevo instrumento con el que quizá logre una distribución más equitativa de los beneficios que genera su actividad y que ahora se desvían hacia esos intermediarios que se lucran de su trabajo”.

El texto termina con esta joya:

“La ventaja de los legisladores es que la sociedad ya no escucha el discurso tramposo de una Red carente de reglas y de derechos”.

Parece que ha cambiado un poco la postura, ¿no? Si en febrero alababan lo hecho en países como Alemania, ¿cómo es que ahora no les gusta? ¿Y cómo es que en febrero AEDE aplaudía la reforma de la ley de Propiedad Intelectual y ahora, diez meses después, se echa las manos a la cabeza?

Si seguimos saltando por los artículos relacionados que nos ofrece la web de El País (ni siquiera hay que molestarse en bucear en la hemeroteca, que arrojaría aún más ejemplos), aterrizamos en uno de marzo de 2013, titulado Ocasión perdida, en el que se quejan de que la reforma que hizo entonces el Gobierno del Partido Popular de la ley Sinde no era tan dura como debería (vamos, como ellos querían). En ese texto se incluye esta gloriosa frase:

“Otros países, como Alemania, Francia o Bélgica, han sido más valientes regulando, por ejemplo, el uso que los agregadores de noticias hacen de los contenidos de prensa sin mediar pago alguno, como ocurre ahora en España”.

¿Pero no era culpa de “los burócratas que en España y otras partes de Europa han manejado el asunto” todo el follón del cierre de Google News? ¿Cómo es que hace sólo unos meses aplaudían la regulación de la que ahora reniegan y hace año y medio pedían precisamente esa regulación? ¿Tanto ha cambiado la línea editorial de El País en este tiempo?

Son preguntas retóricas, obviamente. Conozco perfectamente la respuesta. Y supongo que vosotros también. Ya sé que hay muchos medios (y políticos, empresarios…) que consideran a sus lectores (y a los ciudadanos) estúpidos (o desmemoriados). Tal vez El País debería esconder un poquito más los enlaces de los textos que atestiguan los bandazos de su línea editorial (empresarial, más bien).

De la mal llamada crisis del periodismo ya he escrito bastante por aquí (**), así que no me repetiré. Y no, no tengo una solución. Lo peor es que los que supuestamente saben de esto tampoco la tienen. Mientras deciden qué hacer ya se han perdido miles de puestos de trabajo en una profesión que de paso se ha dejado por el camino (por culpa de estos iluminados) buena parte del crédito que tenía. Y los de siempre siguen eso, donde siempre. Escribiendo editoriales sin acordarse de las hemerotecas.

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(*) Hablo de El País como podría hablar de cualquier otro de los implicados. No iba buscando nada de esto, pero me topé con el de El País y seguí por ahí.

(**) Por si hay alguien interesado en leer mis reflexiones sobre el tema (hay gente para todo), aquí van un par de enlaces. El más antiguo es de marzo de 2011. Y este debate ya era viejo entonces:

¿Crisis del periodismo? No, crisis de los medios

Periodistas e internet: condenados a entenderse

Un par de reflexiones sobre la prensa en internet

‘Lost Rewatch’ – Temporada 1, Episodio 11 – All the Best Cowboys Have Daddy Issues

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CHARLIE: I didn’t see anything, hear anything. I don’t remember anything. Claire…

JACK: What?

CHARLIE: That’s all they wanted.

JACK: They?

CHARLIE: All they wanted was Claire.

Esta semana hay una imagen y una conversación finalistas, aunque no pertenecen al mismo momento del episodio. La charla, entre Boone y Locke, es esta:

[Shot of Boone tying red fabric to a tree.]

BOONE: Red shirt.

LOCKE: Huh?

BOONE: Red shirt. Ever watch “Star Trek”?

LOCKE: Nah, not really.

BOONE: The crew guys that would go down to the planet with the main guys, the captain and the guy with the pointy ears, they always wore red shirts. And they always got killed.

LOCKE: Yeah?

BOONE: Yeah.

LOCKE: Sounds like a piss-poor captain.

Y la imagen, con los mismos protagonistas, corresponde al instante en que encuentran una estructura de acero enterrada en medio de la selva. Algo que aún no saben qué es pero que a los que ya habéis visto la serie seguro que os suena…

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